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Monday, February 20, 2012

Hacia las biocomputadoras (2/2)

Artículo publicado en el Liberal del Sur el domingo 19 de febrero de 2012.


Después del artículo sobre las computadoras cuánticas, decidimos presentarles otra posible alternativa a las computadoras clásicas que podría formar parte de nuestras vidas cotidianas en un futuro no tan lejano. La semana pasada, hablamos del tema muy interesante de las computadoras inteligentes o bio-computadoras, basadas en un principio de aprendizaje que matemáticos han llamado redes neuronales artificiales.  Hoy les damos una visión un poco más detallada de lo que son esas redes artificiales, capaces de aprender casi solas.

Presentación de las redes neuronales artificiales
Para empezar a hablar de las redes neuronales artificiales (o ANN por sus siglas en inglés “Artificial Neural Network”) podemos basarnos en una tabla que da Prof. Leslie Smith del Centro para la Neurociencia Cognitiva y Computacional del Departamento de Matemática de la Universidad de Stirling (Reino Unido). Smith nos dice que las computadoras actuales son excelentes para realizar cálculos matemáticos rápidos y para cumplir con lo que un programador humano le pide con un programa específico. Sin embargo, no saben interactuar bien con la información ruidosa, como un error en la transmisión de datos por ejemplo, y no pueden adaptarse a un cambio de condiciones iníciales o de circunstancias. Básicamente, las ANN son un nuevo paradigma en el mundo de las computadoras porque, con ellas, los matemáticos aspiran a un procesamiento más simple pero a un grado más alto de interconexión, capaz de aprender y entonces adaptarse.
Tomamos un ejemplo: el reconocimiento de contenido de imágenes. Un ser humano ha aprendido desde su infancia a reconocer todos los elementos del mundo que lo rodea. Cuando alguien toma una fotografía de un paisaje, sabemos inmediatamente reconocer el árbol, el río, las montañas, etc., aunque la foto sea de México, Francia, China o cualquier otro lugar. Una computadora es incapaz de realizar esa operación tan sencilla para nosotros. No puede discriminar entre los elementos de una imagen, y es difícil enseñarle a reconocer los contornos de los objetos para empezar. Una computadora ve una imagen como una lista de números, ¿cómo saber dónde está el límite entre el árbol y el fondo por ejemplo? Quizás han visto que algunas cámaras de fotografía saben reconocer los rostros y las sonrisas de la gente: pues un ser humano tuvo que escribir un programa en el procesador de esas cámaras para que sea capaz de esto. Pero reconocer otros contornos requeriría de otros programas y de otros métodos de detección, lo que haría el procesamiento un poco más lento.

Entrenar y enseñar
En el caso del reconocimiento de patrones específicos es una tarea complicada para una computadora clásica; y es uno de los numerosos terrenos de aplicación de las varias familias de ANN que existen hoy. Los algoritmos matemáticos que se desarrollan desde hace muchos años son principios de cálculo más o menos sencillos; apenas unas ecuaciones que se pueden encontrar en la literatura. Esos algoritmos son una especia de “prueba y error” para una tarea muy bien determinada al principio, y con un entrenador que dice a la máquina si se equivoca o no en su tarea. El poder de las ANN es que es sus ecuaciones, en su programa, tiene la capacidad de reprogramarse a sí mismas: si se dan cuenta, por el método de enseñanza, que se equivocan, cambian los coeficientes de las fórmulas para adaptarse y memorizar sus errores de alguna forma. En 1962, Rosenblatt, uno de los padres de las ANN, dijo que una de las familias de ANN llamada los Perceptrones era capaz de aprender cualquier cosa que se pueda representar, gracias a un procedimiento de ajustamiento de los parámetros de su función o ecuación. En el caso de las ANN, “representar” quiere decir simular con una función específica y “aprender” sería entonces modificar su propio programa de detección, memorizando sus errores para no volver a equivocarse.

El principio parece demasiado sencillo, pero funciona muy bien: aunque todos los arboles del mundo son únicos y diferentes, las ANN son capaces, como nosotros, de reconocer similitudes entre ellos y de ver la diferencia entre un árbol y una montaña en una foto. Se pueden entrenar a ver todo lo que uno les enseña a ver y cada vez se equivocan menos. Necesitan entonces una fase de funcionamiento supervisado en las cuales el entrenador les ayuda y cuando logran reconocer lo que se les enseñó con un bajo porcentaje de error, se pueden dejar trabajar solas. A veces se pueden volver a capacitar, como los seres humanos. Una gran ventaja de esa técnica es que también saben procesar información ruidosa (o borrosa en el caso de las fotografías), al contrario de las computadoras actuales y de sus programas. Una desventaja es que, al igual que el proceso de aprendizaje y de educación de un ser humano para poder realizar una tarea sin equivocarse, la red neuronal artificial entrenada tiene que haber visto una gran variedad de casos diferentes. A pesar de poder acelerar la capacitación con máquinas, la diversidad de modelos presentados en la fase de aprendizaje es crítica. Pero algún día, quién sabe si no tendremos máquinas capaces de hacer todo lo que les pedimos sin equivocarse. ¿Tu, que les pedirías?

Wednesday, February 15, 2012

Hacia las biocomputadoras (1/2)



Artículo publicado en el Liberal del Sur el domingo 12 de febrero de 2012.



Después del artículo sobre las computadoras cuánticas (ver post anterior), decidimos presentarles otra posible alternativa a las computadoras clásicas que podría formar parte de nuestras vidas cotidianas en un futuro no tan lejano. Hoy volveremos a hablar del tema muy interesante de las computadoras inteligentes o bio-computadoras, basadas en las redes neuronales artificiales. La próxima semana les daremos una visión un poco más detallada de lo que son esas redes artificiales, capaces de aprender casi solas.

Se sabe bien que las computadoras clásicas (las que se usan diario en todo el mundo para trabajar, agilizar nuestras tareas, resolver problemas complejos y conectarnos) tienen limitaciones. Aunque son capaces de calcular a una velocidad vertiginosa, cometen errores y no son capaces de “aprender” solas. Solamente pueden reproducir una forma de operar con la cual un programador les ha habilitado. Hace dos años, dos publicaciones científicas1,2 han reportado el desarrollo de un transistor electrónico funcionando como una sinapsis humana. Efectivamente, fabricaron un microdispositivo que mímica el comportamiento de nuestras células cerebrales. Basado en un compuesto orgánico y nanopartículas de oro, esa tecnología podría conducir a una nueva generación de computadoras y procesadores inspirados por las redes neuronales así como podría permitir avances en medicina y biología autorizando la conexión de microestructuras artificiales procesadas con tejidos biológicos. La era de las computadoras inteligentes está por empezar.
Aprender, una tarea humana difícil para una máquina
Según el famoso dicho de Seneca “Errar es humano, caer en el mismo error es diabólico”. Por lo tanto, desde el advenimiento de la tecnología moderna, ella aspira a hacer desaparecer esa imperfección humana que consiste en tener una propensión a equivocarse más o menos frecuentemente. Esa tendencia puede presentar varias derivas, y prever un mundo dirigido completamente por los robots y las maquinas inteligentes es un tema de predilección para la ciencia ficción, que nos describe como esclavos de nuestras propias creaciones. Afortunadamente, no siempre se pueden remplazar los ser humanos por maquinas porque tenemos una enorme ventaja sobre aquellas: es la facultad de aprender a medida que pasa el tiempo. Efectivamente, la experiencia y la educación nos permiten memorizar nuevas situaciones y adaptarnos a ellas. En condiciones dadas, aprendemos a no equivocarnos. Las maquinas, hasta la fecha, no lo pueden. Quién ha usado un dispositivo electrónico con frecuencia en su vida tiene que haber deseado poder enseñarle algo, educarlo, hacerlo entender cómo evitar sus fallas repetitivas. Las computadoras son un buen ejemplo de equipo que siempre se va a  “equivocar” en situaciones dadas. Sin embargo, cuando nos quejamos de las disfunciones habituales de esos aparatos, olvidamos que son maquinas diseñadas por un ser humano no para pensar, sino para efectuar algunas tareas automáticamente y desde luego responder de manera exactamente idéntica a ciertas condiciones. Es por eso que si una computadora se equivoca o se confunde, la falla proviene de un error humano, y casi siempre bajo forma de mala programación inicial de la maquina.
La clave es adaptarse
Como lo dijo bien Darwin, la clave es adaptarse para no desaparecer. Hace varias décadas que se utiliza una técnica matemática muy poderosa para que los programas y modelos puedan educarse y memorizar algo que un operador quiera enseñarles. Llamado red neuronal artificial, ese proceso de educación artificial ha sido posible imitando el aprendizaje constante del cerebro humano, es decir ejercitando el programa a reconocer patrones de manera recurrente y a reconocer sus errores si se equivoca. Presentaremos esta técnica con detalles la próxima semana.
Hoy en día, gracias a esa técnica, ya se logran desarrollar modelos y estructuras completamente adaptivos que no solamente logran no fallar en situaciones conocidas pero que también saben analizar nuevas condiciones gracias a asociaciones de patrones similares. Basándose en esa tecnología de neuronas artificiales capaces de aprender y aprovechando los recientes avances en fabricación de transistores a escala micro y nanoscópica, algunos investigadores están desarrollando neuronas y sinapsis sintéticas como unidades primarias a la elaboración de un sistema central complejo de alta densidad imitando la arquitectura y el funcionamiento del cerebro: tratamiento centralizado de la información con conexiones paralelas al extremo y capacidad de análisis en tiempo real. Una ventaja importante de los nuevos dispositivos reportados estos últimos meses es que se elaboraron con materiales plásticos flexibles y biocompatibles, es decir que se puede imaginar su incorporación a tejidos biológicos para activación neuronal gracias a una interfaz sin riesgo de contaminación. Es por eso que los recientes avances en la fabricación de neuronas artificiales a escala nanométrica representan una gran esperanza en la investigación de regeneración de células nerviosas y de enfermedades neurodegenerativas.

1.       Chen et al., Ionic/Electronic Hybrid Materials Integrated in a Synaptic Transistor with Signal Processing and Learning Functions, Adv. Mater. 2010, 22, 2448–2453.
2.       Vuillaume et al., An Organic Nanoparticle Transistor Behaving as a Biological Spiking Synapse, Adv. Funct. Mater. 2010, 20, 330–337.
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