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Friday, August 16, 2013

La historia de la intolerancia a la lactosa




Adaptado de Leonardi, M., Gerbault, P., Thomas, M. G. & Burger, J. Int. Dairy J. 22, 88–97 (2012).
 



Desde que nació mi hijo, he tenido varias discusiones y debates con diferentes personas sobre un tema un poco especial: “¿un adulto puede tomar leche como un niño?”. Desde mi infancia, no he dejado de tomar mucha leche todos los días. Es algo normal y habitual para mí. Antes de llegar e instalarme en México no conocía la leche deslactosada (que ahora sí está en todo el mundo, supongo), no sabía que había gente con intolerancia a la lactosa, y pensaba de manera arrogante que la mala digestión de la leche era más debido a una combinación de alimentos que a un problema vinculado directamente con la leche. Y también, muchos de mis amigos y colegas mexicanos no entienden porque yo sigo tomando tanta leche si “se sabe que no es bueno para un adulto”. Cabe mencionar que aún hoy es un debate sin acuerdo mutual de ambas partes. Bueno, hasta hoy. Déjenme contarles la historia de esa diferencia genética entre un Francés (del Norte del hexágono) y un mexicano promedio.
Era de hielo: La leche se impuso en Europa como un alimento necesario
Desde los años 1970, arqueólogos de Europa empezaron a descubrir envases de barro de la época de la glaciación con pequeños agujeros en el fondo. Estos parecían hechos para colocar pajas o popotes. Poco a poco, expertos en el tema descubrieron que esos huecos eran justamente para poder separar la grasa de la leche para fabricar quesos o yogurts. Efectivamente, en el 2011, una investigadora demostró que se quedaron unas trazas de grasa de leche alrededor de los agujeros, comprobando entonces que los primeros campesinos de nuestra civilización (de hace 7000 años) habían dejado huellas de la fabricación de lácteos. Parece extraño, porque en esa época de la glaciación, la leche era casi tóxica para los adultos: pues carecían de la enzima (lactasa) que degrada el azúcar de la leche (la lactosa) en su tubo digestivo. Esta enzima es presente en los intestinos de los bebés para que puedan mamar el pecho de su mamá pero desaparece después.
Sin embargo, cuando surgió la glaciación, las poblaciones de entonces no pudieron comer tanto gracias a la caza y empezaron a remplazar aquella por la agricultura, aprendieron a reducir la lactosa de los lácteos que empezaron a producir. El secreto era la fermentación. Sin embargo, la naturaleza y la evolución ayudaron esas poblaciones en Europa: una mutación genética permitió que adultos produjeran lactasa y entonces tomar leche sin fermentar. Esa adaptación a las condiciones ambientales  de vida podría haber permitido la sobrevivencia de las comunidades que presentaban la mutación cuando las cosechas eran escazas. También permitio un rápido éxodo del sur al norte de Europa, ya que esas poblaciones podían resistir mejor que las que no podían tomar leche. Un arqueólogo del University College London, Mark Thomas, incluso recalcó que la emigración de sur a norte fue excesivamente rápida en Europa hace miles de años, y que quizás se puede explicar ahora con la posibilidad de tomar leche…
Una mutación que facilita la digestión
Como hemos dicho, los niños pueden tomar leche para digerir la leche que toman del pecho de su mamá porque producen la lactasa. Luego, el gen de la producción de esta enzima deja de expresarse en adultos. Se sabe hoy que solamente el 35% de la población puede digerir la leche sin molestias después de los 8 años. La intolerancia a la leche es relativamente difícil de soportar y puede llegar a ser realmente fuerte en algunos de 65% restantes: provoca disentería (diarrea muy fuerte). Sin embargo, existen entonces personas que pueden digerir la leche, y la mayoría son descendientes de ancestros de Europa eso se debe a una mutación muy sencilla ocurrida hace 7000 años, probablemente en Hungría: un solo nucleótido ha cambiado (una base de citosina C se cambión a timina T)*. Por supuesto, esa mutación ayudó bastante a la parte de la población que la presentaba: expertos estiman que incluso produjeron descendientes alrededor de 20% más fértiles que los demás. Gracias a esa ventaja, se pudo conquistar un continente completo en pocas generaciones. Sin embargo, y como conclusión, Thomas recalca que esa población ha podido hacer esto solamente porque era consciente de que podía consumir lácteos y producirlos: se desarrollo lo que él llama una “co-evolución gen-cultura”.

* Como se puede ver en el mapa ay otras regiones de tolerancia a la lactosa en Asia,  África y Medio Oriente. Esto se debe probablemente a otras mutaciones que se llevaron a cabo por separado.

Artículo basado en un artículo publicado por Nature.

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